viernes, 5 de agosto de 2016



Introducción.

Acoso escolar Para otros usos de este término, véase Acoso. El acoso escolar puede ser físico. El acoso escolar (también conocido como hostigamiento escolar, matona je escolar o por su término inglés bullying) es cualquier forma de maltrato psicológico, verbal o físico producido entre escolares de forma reiterada a lo largo de un tiempo determinado. Estadística mente, el tipo de violencia dominante es el emocional y se da mayoritariamente en el aula y patio de los centros escolares. Los protagonistas de los casos de acoso escolar suelen ser niños y niñas en proceso de entrada en la adolescencia (12-13 años), siendo ligeramente mayor el porcentaje de niñas en el perfil de víctimas. El acoso escolar es una forma característica y extrema de violencia escolar.


Objetivo General. 
investigar sobre el bullying o acoso escolar, así como sus causas y consecuencias, ademas La promoción del cambio de actitudes para la prevención de la violencia,crear conciencia sobre la problemática y desarrollar medidas de prevención y protección,con la participación de diversos actores sociales. 

Objetivos Específicos. 

- Analizar las posibles soluciones ante este problema que se esta dando a nivel mundial para poder combatirlo y eliminarlo de la comunidad de estudiantes de los colegios costarricenses.
- identificar los roles de la victima y agresor,asa como los tipos de agresion que sufren las victimas. 


Consideraciones preliminares 

En el contexto educativo, padres de familia, estudiantes, profesores, medios de comunicación y demás sectores de la sociedad nacional, expresan su preocupación por el problema de la violencia escolar, fenómeno social que ha venido aumentando durante los últimos años. 

De ahí que, para comprender este problema, se debe reflexionar acerca de las posibles causas, teniendo en cuenta el contexto sociocultural en el cual se desarrolla la cotidianidad de cada centro educativo y las relaciones sociales que en ella se den. Las manifestaciones de la violencia escolar repercuten fuertemente en el país y produce alarma social, por cuanto son llamativas a la prensa sensacionalista; cada vez es mayor la frecuencia con que este fenómeno aparece en las páginas de los distintos periódicos nacionales, pero que, por lo general, se concentran en sucesos, tales como: agresión con arma de fuego o punzo cortantes hacia algún compañero o profesor, vandalismo dentro de la institución, amenazas e intimidación, pleito entre estudiantes, entre otros títulos.

 Pero también existen expresiones de violencia que pasan a veces desapercibidas, cuyas manifestaciones tienen relación con el currículo oculto y la resistencia generada por el estudiantado. En Costa Rica, los hechos de violencia de mayor relevancia, referentes a conductas agresivas físicas en centros escolares, durante los años de este nuevo siglo, han aparecido en titulares de la prensa escrita. Esto muestra que el fenómeno de la violencia escolar es muy serio y puede ser reflejo de una sociedad violenta que no ha aprendido a solucionar los conflictos de una manera adecuada; de ahí la importancia de traer a discusión este problema, el cual se evidencia en las aulas. Asimismo, se deben buscar soluciones integrales a él. Entre estos hechos, se describen los siguientes: 


  • 9 de mayo del 2001, un estudiante del Liceo […] hirió con un puñal a dos compañeros.
  •    Febrero 2003, en el Liceo […] en Heredia, en una riña, un estudiante pierde el conocimiento y debe ser trasladado de emergencia al hospital.
  •    15 de mayo del 2003, muere asesinado por un compañero un estudiante del Liceo de […].
  •  16 de febrero del 2004, dos niñas de 10 y 11 años resultaron heridas al dispararse por accidente un arma que estaba, al parecer, dentro de un bulto de un compañero, en la Unidad Pedagógica de […], San José.
  •    30 de agosto del 2005, el director del Liceo […], fue agredido por unos estudiantes. 

Esta problemática que se vive diariamente en las instituciones educativas del país exige un ejercicio de reflexión, y, de esta forma, generar discusión para hacer conciencia sobre una realidad que no puede pasar inadvertida. En este sentido, se debe investigar el problema, detectar las causas, los efectos y las posibles soluciones. Como vemos: “[…] la violencia entre escolares es un fenómeno muy complejo que crece en el contexto de la convivencia social […] (Ortega, 1997, p. 31). Se considera que el fenómeno de violencia escolar es aquel que provoca algún tipo de maltrato en las personas, y que se enmarca en un contexto social que ha legitimado una cultura de violencia entre iguales. Este maltrato constante y cotidiano alude a una relación estable, permanente y continua, que un joven o grupo de jóvenes establece con otros, basada en la dependencia o el miedo. Es importante entender que no se trata de fenómenos de indisciplina aislados, sino de violencia escolar, enmarcados en el hostigamiento, la amenaza, la intimidación, el robo, la agresión física o psicológica, lo cual puede ser temporal o permanente. En este sentido, muchos de los patrones de conducta agresivos son aprendidos en el medio en donde se desarrolla el joven, se inicia en el hogar, dentro de la educación informal, así que  gran parte del aprendizaje social se produce por la observación fortuita o dirigida de otras personas en las situaciones cotidianas. En los niños pequeños, el aprendizaje depende, en gran medida, del modelado de la conducta que se produce en su vida diaria. De hecho, en muchas lenguas la palabra “enseñar” significa también “mostrar”, en la vida cotidiana los niños van asumiendo o incorporando conductas que les “muestran” sus padres, docentes y compañeros (Candas & Lucero, p. 14).


La cultura escolar

 Los espacios sociales que se desarrollan en las aulas cobran importancia para el docente en la medida que le permiten comprender su quehacer educativo. El aula no sólo es aquel espacio físico formado por cuatro paredes, sino también el lugar en donde se desarrolla un sistema complejo de relaciones culturales, con un espacio y un tiempo específicos. Lo que ocurre en un aula responde al tiempo histórico, marcado por el ritmo de los acontecimientos sociales, económicos y políticos actuales, pero, a la vez, adquiere un sentido propio, una identidad que refleja las contradicciones propias de un sistema que se construye cotidianamente.

 El aula constituye uno de los lugares más apropiados para reconocer la forma en que el estudiantado interactúa en su convivencia diaria, pues en ella, tanto educandos, como educadores comparten no solamente conocimientos, sino todo tipo de interacciones sociales, tales como valores, actitudes y comportamientos culturales. Por consiguiente, el aula es aquel espacio social y cultural organizado, intencionalmente, para el aprendizaje. En él se desarrolla un currículo oculto, caracterizado por sentidos visibles e invisibles en cuanto a las relaciones de poder, la pluralidad de saberes, los valores emergentes, los elementos de resistencias, la violencia escolar y demás interacciones horizontales2 que se expresan cotidianamente en la clase. 



Una aproximación al concepto de violencia escolar 

El fenómeno de la violencia escolar es parte de un proceso sociocultural que se construye a diario en las instituciones educativas, como parte de las interacciones sociales que en ellas se desarrollan. Por consiguiente, su estudio no es fácil, porque depende de las definidas particularidades y del contexto en que éstas suceden. Para la Organización Panamericana de la Salud (2004), la violencia es considerada como el uso deliberado de la fuerza física o el poder, ya sea en grado de amenaza o efectivo, contra uno mismo, otra persona, grupo o comunidad, que cause o tenga muchas probabilidades de producir lesiones, muerte, daños psicológicos, trastornos del desarrollo o privaciones. Esta definición considera las numerosas consecuencias del comportamiento violento, el suicida, los conflictos armados, la muerte, las lesiones, la violencia intra familiar. Cubre también una amplia gama de actos que van más allá del acto físico, para incluir amenazas e intimidaciones. También los daños psíquicos, las privaciones y deficiencias del desarrollo que comprometan el bienestar de los individuos, las familias y las comunidades.

Desde este punto de vista, la violencia posee múltiples manifestaciones que se traducen en determinadas acciones de los individuos en daño directo o indirecto contra otras personas, las cuales van desde agresiones verbales o no verbales, comportamientos agresivos y conflictos interpersonales y/o sociales hasta la psicológica. De esta última se desprende la agresión verbal, que puede ocasionar situaciones de mayor conflicto entre estudiantes, como es el caso de los sobrenombres y el irrespeto, lo que pareciera ser una constante en las interrelaciones sociales, tanto dentro como fuera del aula.


Estas manifestaciones llevan explícito un lenguaje agresivo, de intimidación, de amenaza, de rivalidades y de vocabulario soez, el cual es aparece escrito en diversos lugares del entorno en que se desenvuelven los implicados, a saber: baños, pasillos, paredes, aulas, pupitres y demás espacios propicios para enviarse mensajes entre sí. Esto ocasiona rivalidades individuales y de grupo que desencadenan en la violencia física.


 La violencia social, que vive la sociedad costarricense, traspasa los muros o mallas de las instituciones educativas por medio de expresiones violentas, manifestaciones disruptivas3 o actitudes agresivas. Los jóvenes reproducen, en las aulas, aquellos patrones violentos que han sido aprendidos en el lugar o comunidad en donde viven y socializan. Estos modelos aprendidos en la familia o en el entorno social influyen en la vida de algunos de ellos, pues son parte de un círculo de violencia de la cual ellos mismos pueden ser víctimas de la situación. En este sentido, se plantea que 

[…] el aprendizaje de conductas, la observación de un modelo es un elemento facilitador poderoso. Los patrones de conducta parecen interiorizarse a través de la identificación con un modelo. La mayoría de los psicólogos actuales definen la identificación como una imitación global, general, es decir, una tendencia a imitar una variedad de características y conductas de otra persona (Candas & Lucero, 2000).

Podría entenderse, entonces, que la imitación es un proceso de interacción social basado en la transmisión de patrones de conducta, de un sujeto a otro, por medio de símbolos, señales y sistemas de mensajes como parte del proceso de socialización, y que se expresa mediante el nexo, la relación, la vivencia o el diálogo que se establece entre las personas. En este sentido, un joven puede identificarse con un familiar e imitarle, pero también del grupo de pares, de vecinos o de programas de televisión que transmiten valores, conductas, acciones, palabras, gestos u otro tipo de manifestación violenta, y asimilarla a la vida cotidiana, como una forma de comportamiento, socialmente aceptada.

  a día son fuente de información en los medios televisivos y escritos, pero con un tinte amarillista. Este tipo de información masiva, puede provocar que los patrones de conducta que observan los estudiantes sean imitados y traídos a las aulas como parte de un proceso de reproducción cultural. En este sentido, la violencia responde a un contexto más amplio originado en la sociedad costarricense, como parte de una crisis en las instituciones sociales, tales como: la educación, la salud, la vivienda y la economía, en general. Según Arias, Feoli y Fernández (2001) para comprender la violencia hay que hacer una contextualización histórica del fenómeno, y manifiestan que ésta siempre ha existido. En consecuencia, enmarcan la violencia como “[…] aquel acto generado en contra de la voluntad de la persona, debido  a sus costumbres, educación, religión y las enseñanzas transmitidas por la cultura” (p 14). Sobre este particular, concluyen que la violencia se desenvuelve en un contexto escolar homogeneizado, autoritario y en el marco de un currículo tradicional, que no toma en cuenta las diferencias y las necesidades individuales del estudiantado, y en un ambiente de aula con patrones de comunicación verbal y de gestos agresivos.


Cascante (2002) aborda el término de violencia escolar como una forma de reproducción cultural, lo cual se manifiesta de diferentes maneras, pero caracterizado por la represión, la marginación, la discriminación y las actitudes hostiles, entre otras. De esta manera, plantea que ésta debe verse desde tres enfoques diferentes, denominados violencia directa (golpes, amenazas, actos que atentan contra la integridad física de otras personas, de objetos o lugares), estructural, (violencia contra la dignidad) y violencia cultural, la cual se refiere a patrones o conductas que se reproducen socialmente.

En consecuencia, la violencia escolar tiene un carácter multidimensional y depende del contexto social y cultural en el que el fenómeno se vive y se reproduce cotidianamente. En este sentido, Hernández, Martínez y Torres (2006) la definen como

           […] una construcción multidimensional compuesta de aspectos cognitivos, afectivos y de conducta, que se manifestarían como creencias y actitudes negativas sobre los demás, ira o cólera y acciones que pretenden dañar a los demás verbal o físicamente. Se entiende por acoso escolar o bullying4 una agresión específica caracterizada por conductas dirigidas a molestar, repetidas en el tiempo y donde hay un desequilibrio de poder, de manera que los demás agreden física o psicológicamente a los de menos poder. (p. 3)


Por lo anterior, las manifestaciones de violencia escolar implican aquellas conductas de maltrato, intimidación y agresión entre jóvenes, dentro o en los alrededores de la institución educativa y/o en los horarios o momentos inmediatamente anteriores al ingreso o posteriores al egreso de ella. Además, se caracterizan porque pueden enfocarse desde comportamientos agresivos, tanto individual como en forma colectiva; psicológica por medio de gestos, maltrato verbal, intimidación, marginación, amenazas y cultural, al reproducirse patrones de conducta en las interacciones sociales del estudiante con el medio y que son reflejo de un currículo oculto, como forma de resistencia al currículo institucional. Además, las formas de violencia tienen lugar en los espacios del centro educativo o aledaños a él, tales como los pasillos, las aulas, el comedor, los baños, el gimnasio y los alrededores de la institución.

Existen diferentes tipos o formas de violencia escolar que se dan en los centros educativos, pero no existe un criterio unificado sobre ellas. Por lo general, se acostumbra a crear estereotipos, y se cae en generalizaciones ambiguas o simplistas. Por tanto, hay que tener en cuenta que no todas las acciones consideradas violentas, entre estudiantes, pueden agruparse en una misma categoría, ya que existe violencia de tipo psicológico, de tipo físico que atenta en contra de la integridad personal o aquella que se reproduce culturalmente, entre otras.


  La violencia psicológica, se manifiesta por medio de agresiones verbales, gestos, intimidación, maltrato, amenazas, marginación, u otras. Para este tipo de manifestación de violencia se ha utilizado el término inglés de bullying, el que se relaciona con los procesos de intimidación y de victimización entre iguales, lo que Bernal, citando a Ortega y Mora-Merchán, (2006) vincula con procesos en los que uno o más alumnos acosan e intimidan a otros por medio de insultos, rumores, vejaciones, aislamiento social, motes, entre otras maneras.


La violencia verbal es aquella forma de expresión que trata de humillar, ofender, maltratar o denigrar a una persona y forma parte de los insultos, choteo, sobrenombres, amenazas y otras conductas que pueden manifestarse oralmente o en forma escrita. Este tipo de conducta se define como “[…] un acto de violencia psicológica que se manifiesta por medio de palabras que atacan o injurian; que llevan a creer lo falso o que hablan falsamente de una persona” (Herrera, Peraza y Porter, 2004, p. 8). Lo anterior lleva implícita una relación de poder entre pares, que da como resultado que el estudiante agredido tenga baja autoestima, se sienta aislado, con depresión, enojo, frustración, entre otras manifestaciones. Este tipo de conducta agresiva puede expresarse en forma directa o indirecta.


Consideraciones finales 

 Las causas de la violencia escolar son múltiples y, por tanto, se expresa como fenómeno social y cultural, debido a que son prácticas aprendidas como parte de las interacciones sociales que realiza el estudiante con el medio en el cual vive y/o estudia. Sus manifestaciones van desde actitudes verbales tales como apodos, burlas, insultos o agresiones físicas. La agresión verbal es un tipo de agresión psicológica que puede ocasionar situaciones de mayor conflicto entre estudiantes. Estos comportamientos se reflejan en el lenguaje oral y escrito con frases ofensivas en las paredes de las aulas, en los pupitres, en las pilas, los baños y los pasillos. Además de esto, se observa en los medios televisivos manifestaciones de violencia física, por medio de pleitos entre estudiantes. El fenómeno de la violencia escolar representa aquellas conductas de maltrato, intimidación, agresión verbal o física entre pares; ésta tiene una estrecha relación con el contexto familiar y educativo en que están inmersos los educandos. En el primer caso, los estudiantes aprenden a ser agresores desde el hogar o la comunidad en donde viven, repiten esos patrones de conducta en el centro educativo mediante las interacciones que mantienen con otros. En segundo lugar, esos comportamientos aprendidos en el hogar se reproducen en la institución educativa, como parte de un proceso de socialización. La violencia también tiene su espacio, forma parte de una cultura escolar que tiene significado para el estudiante en la medida que comparten, con un círculo restringido de compañeros, todo tipo de interacciones.

Además, el espacio social le brinda al estudiante un sentido de pertenencia y seguridad que debe ser protegido a toda costa, y que puede generar rivalidad entre niveles o grupos. En consecuencia, la violencia social que vive la sociedad costarricense se refleja en las instituciones educativas por medio de comportamientos violentos, manifestaciones o actitudes agresivas de los y las jóvenes y su incapacidad para resolver problemas ante situaciones de conflicto. Éstos reproducen patrones violentos en las aulas que son aprendidos en el lugar o comunidad en la cual viven y socializan. Algunas de las manifestaciones de violencia que se viven en las instituciones educativas son potenciadas por el modelo curricular vigente, lo que genera reacciones o resistencia a las normas institucionales y a los reglamentos; así como el sabotaje a las clases, en general; tal es el caso del ausentismo, los escapes, la burla, el rayar o la destruir del mobiliario del aula, lo que genera un ambiente poco propicio para el aprendizaje. La respuesta del docente ante estas situaciones aparece por medio de la intimidación o la amenaza por medio de las boletas, lo cual no soluciona el conflicto. Por consiguiente, el currículo técnico5 genera manifestaciones ocultas que propician un clima inadecuado para el manejo de situaciones violentas y que más bien favorece que éstas se potencien.


conclusión. 

Por otra parte, se debe entender que los conflictos forman parte de las relaciones humanas, por lo que no es extraño que se presenten en los salones de clase. Por consiguiente, para Gordon “[…] es común que los maestros encuentren situaciones en las que sus mensajes ya no son eficaces para modificar los comportamientos inaceptables, o en que sus esfuerzos para modificar el ambiente del salón de clases no dan resultado” (1982, p. 25). Por esto, es necesario que el profesorado desarrolle estrategias pedagógicas para manejar con éxito esas situaciones, en las que la resolución de conflictos se vuelva una tarea exitosa y no tan acongojante en el quehacer cotidiano en las aulas: los escapes, el hacer trampa o fraude, el plagiar, la rebeldía, el vandalismo, la resistencia o los desafíos pueden encontrar un punto de escape en una buena comunicación y manejo de las interacciones sociales que se desarrollan en el ambiente escolar.

Es importante considerar que no existe una receta única para solucionar el problema de la violencia escolar, ya que cada región, comunidad, institución y personas son diferentes y presentan necesidades muy particulares. Por lo anterior, es imperioso investigar el problema, diagnosticar las causas a partir de una comunicación más eficaz y dialógica, y adaptar el currículo a las necesidades reales del estudiantado. Por consiguiente, hay que buscar otros modelos de mediación pedagógica más democrática y menos autoritaria; además de la elaboración de proyectos alternativos, en los que los y las estudiantes sean partícipes y protagonistas en la construcción de ambientes de mayor apertura y, por último, desarrollar estrategias de mediación alternativa para la resolución de conflictos personales.


Bibliografia.

 Abarca Díaz, M. (2001). Fruto de la perseverancia. Sistema nacional de comisiones de valores de Costa Rica. San José: Editorial de la Universidad de Costa Rica.

Arias, M., Feoli, D. & Fernández, M. (2001). Interacciones violentas educador-educando en el aula y en el ámbito escolar. Proyecto para optar por el título de Maestría en Psicopedagogía de la Universidad Estatal a Distancia.

 Bernal, F. (2006). La violencia en el ámbito escolar. Recuperado el 15 de abril de 2008, de www. apse.org.cr/webapse/docen/docen09.htm .

Blandón, M., Molina, V. A. & Vergara, E. (2005). Los estilos directivos y la violencia escolar: las prácticas de la educación física. Revista Iberoamericana de Educación, Nº 38, 87-103. Candas, S. & Lucero, C. (2000). Violencia escolar. Primer Congreso Hispano-Portugués de Psicología: hacia una psicología integradora, realizado en Santiago de Compostela, España, del 21 al 23 de setiembre de 2000.